Vuelta a la normalidad; por decir normal a algo que se realiza durante once meses al año.
Todos, o casi todos, hemos tenido oportunidad de disfrutar de algún día de vacaciones, y seguro que hemos cambiado los hábitos. Así que ahora toca volver a lo cotidiano. Seguro que pasaremos buenos momentos recordando y contando las vivencias de este periodo vacacional.
Eso quiero hacer yo en esta columna. Contaros una visita inolvidable a un lugar ya conocido, como es el pueblo de Grañón. No voy a entrar en la historia del pueblo, que es mucha y abundante; tampoco en su estructura actual, que sigue respetando el paso obligado de los peregrinos. Y no lo cuento porque quiero proponeros que subáis a Grañón y os lo cuenten en el ‘Festival de Luz y Sonido’.
Lo primero, atestiguar el error cometido por mi parte de no haber acudido a esta cita hasta ahora, en su XVI edición. Las fechas coinciden con muchas celebraciones pero, si de algo vale mi opinión, vayan guardando una de las tardes del próximo agosto para acudir a disfrutar de este espectáculo. Felicitar sin duda a la Asociación de Amigos ‘Ermita de Carrasquedo’ por la organización y a los colaboradores (imprescindibles para cualquier evento). El felicitar a los actores, es como hacerlo a todo el pueblo, y sobre todo a su guionista y director Ángel Urbina Merino. Pocas veces un relato, acompañado de su música, silencios y escenificación, son arropados por una iluminación tan sutil y precisa. Tanto fuera del templo como en el interior del mismo, los asistentes nos trasladamos con los actores a ser parte de sus historias.
Apuntarlo en vuestras agendas que ya falta menos.